Dos años a la fecha la historia va cambiando. Aprendizaje, re-conocimiento y el hecho de aceptarme tal cual soy. La argamasa que me forma tiene de todo y a pesar que aquí se ha escrito mucha tristeza y soledad, el río toma cauce y permite la llegada de nuevas formas de percibir el camino recorrido y el horizonte por andar. No niego ni olvido de que estoy hecho, no me avergüenzo ni arrepiento de lo realizado, razones y explicaciones; muchas, pero lo más importante es tener la mente y el corazón abiertos para el regreso de aquello que ya no espero o para la llegada de algo nuevo que continue la historia. Dejo el fragmento de "Amarse con los Ojos Abiertos" que me trajo de nuevo aquí."Siempre he creído que la salud consiste en abrir puertas y ventanas hacía el mundo, y encuentro en el planteamiento del cuento una actitud similar, construir puentes y caminos para ver venir (recibir) pero tambien para salir, para buscar y aún más para explorar el afuera, recoger, aportar simbólicamente, dar. Pero estos puentes y caminos deben estar transitables, buscando que necesitamos "murallas adentro" y poderlos utilizar para compartir con el exterior lo que se tiene dentro de sí mismo. Creo escuchar en este relato el de una persona que sigue con la mirada puesta en el regreso de lo que no fue. Y no estoy diciendo que no sea sano animarse a esperar a quién amo; me refiero a lo hermoso que sería no esperarlo dejando que mi corazón se me salga del pecho con la sorpesa de ver venir por el horizonte lo que yo tanto deseaba pero ya no esperaba. Quizá esto ayude a no ser tan exigente con lo que viene hacía mi por el camino. Porque si espero la fanfarria con las banderolas blancas y los estandartes dorados y llega con paso firme la caravana embanderada de verde y sin estandartes, corro peligro de no reconocerla, de no darme cuenta que el desfile viene hacía mí, de dejarlo pasar sin festejo, de vivir llorando porque no fue, cuando en realidad no supe distinguir que era..."
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